7/19/2006

De pañuelos

“Me supe siempre apátrida. Y, de las muchas imbecilidades de la especie humana, es ésta la que más difícil se me hace entender. Exhibir identificación con una geografía, un paisaje, una lengua, requiere atléticos grados de estulticia que –bien a mi pesar—no sé fingir“.


Fiel a mi modesto concepto de la libertad que, en este aspecto estúpidamente territorial, define tan lúcidamente el siempre genuino Gabriel Albiac, nunca me he identificado con terruño alguno de esta bola acuática que es nuestro planeta, ni he ensalzado ninguno de sus siempre ficticios símbolos. Sean cuales sean: banderas, himnos, fronteras, estatutos, mascotas, lenguas, gastronomía, folclore, o deporte por excelencia. Ni con unos ni con otros, en lo que a exhibicionismo se refiere.

Un buen día ocurre el disparate.

Si hay algo desquiciante en nuestros días es la jovial muestra de la más grotesca ignorancia. Los pañuelos palestinos, como si de amuletos que prestasen relevancia social se trataran, los hemos de soportar día sí y día también en los pasillos de las facultades, entre los gentíos de las aceras de nuestras ciudades, y en gran parte de los casos, por el único placer de lucir un “pañuelo chulo” o un “trapo que abrigue”. El no va más de la supina indecencia es que nuestro mismísimo Presidente del Gobierno se cuelgue uno en su muy honorable cuello, mientras aguarda estoico –y sonriente- el próximo salpicón de sangre que manchará ese mismo pañuelo.

Y la respuesta inevitable que se merece: a partir de hoy, este humilde rincón será también amigo de Israel. Con orgullo y coraje. Porque defendemos una serie de principios y de derechos que ni el mismísimo Majadero de turno va a tirar por la borda. Y mucho menos los va a taponar o saplicar el tan odioso como repelente y falto de estética palestino.


Aquí también estamos con Israel. Que luzcan sus trapos. Que se manifiesten desde su ignorancia. O que vengan a quemar nuestros lapiceros.

Lo que hay que ver...

8 comentarios:

VICTRIX dijo...

No sé si recordará usted que en una ocasión dejé un comentario a uno de sus artículos en que la felicitaba por conseguir acercarse a los temas de un modo personal y no desde una perspectiva meramente política, como sucede en la mayoría de los blogs que suelo leer y comentar, incluido el mío, que incluiría en este último grupo de blogs que exponen ordenadamente hechos y datos concretos y que en cierta manera intentan pensar por un lector abrumado ante tantos argumentos, mientras que usted consigue que el lector piense por si mismo. Y es que hasta la más estúpida mente debe poder pensar libremente. Por eso tenga a bien recibir nuevamente mis halagos, pues dispone usted de una mente huidiza y no encadenada a sus propias ideas.

Tanto halago se debe a que ha conseguido usted que un comentario mío a un artículo no se convierta en una exposición de ideas argumentadas y expuestas ordenadamente. Y quizás también a que ha hecho que me percate de que tengo unas ideas bastante claras, pero siempre en todo tema que no tenga que ver con lo referente a la concepción que tengo de mi propia persona. Todo este discurso desemboca en una línea: “nunca me he identificado con terruño alguno de esta bola acuática que es nuestro planeta, ni he ensalzado ninguno de sus siempre ficticios símbolos. Sean cuales sean: banderas, himnos, fronteras, estatutos, mascotas, lenguas, gastronomía, folclore, o deporte por excelencia.”

La citada frase hace que me pregunte sobre aquello con lo que me identifico, y llego a la conclusión de que mi personalidad no se mueve sino en una dualidad digna de ser analizada, pues suele suceder que soy portador de cualidades en ocasiones contrapuestas. Y así sucede cuando me tengo que sentir identificado con algo, ya que en ocasiones simplemente me siento identificado conmigo mismo y con mi mundo, rayando un individualismo excesivo, mientras que en otros momentos siento apego por un país, una región, una bandera, un himno, una frontera o una lengua. Individualismo y bandera, frialdad y sentimentalismo, desengaño y utopía. Quizás nuestra personalidad no se configure en torno a aquello con lo que simpatizamos, sino en torno a aquello que rechazamos. Pero supongo que usted tendrá ocupaciones pendientes como para prestar atención a reflexiones de medianoche.

P.S. No comento nada respecto a la actuación del Majadero, pues hay cosas que es mejor ni comentar.

Un saludo

Marta dijo...

Reitero mi humilde agradecimiento por su consideración, victrix. En mi opinión, información la tenemos por doquier, y no siempre desde la objetividad y la responsabilidad imprescindible que ello debería llevar consigo. Articulistas los hay y muchos, algunos excelentes. Opinadores, muchos más. Y blogeros, una infinidad. Usted sabrá que implicarse en la actualidad de un país, sea con su también imprescindible perspectiva teórica o meramente política, es costoso en muchos aspectos, pero efectivamente no debería dejar de ser un requisito esencial por la condición de ciudadanos que todos estamos obligados a aceptar. No obstante, hoy predomina el pasotismo más absoluto, que al mezclarse con la falta completa de inquietudes, hace de las personas marionetas al servicio de políticos, de masas, de cuatro paletos de turno, o simplemente los deshace en su nadería.

No aspiro a gran cosa en mi vida, pero trato de aportar un insignificante y no pocas veces pisoteado granito de arena, para que si alguien alguna vez se cruzara con mi opinión (porque el post no deja de ser una libre y respetable opinión de menda) dedique al menos un segundo de nuestras muy ajetreadas vidas en reflexionar sobre el tema. De la forma que sea. Es importante atreverse a defender una idea. Porque tal vez no exista otra persona esperando más que a pisotearla para sus intereses. Y, aunque sólo sea porque a unos pocos gobernantes les interese el silencio de sus gobernados, merece la pena implicarse un par de minutos al día, leyéndole a usted, leyendo a otros, o escribiendo cuatro tonerías para que alguien reflexione en plena madrugada.

Por cierto, estoy de acuerdo en que nuestra opinión se configura a partir del rechazo de otras. Por eso quizá sea tan importante el intercambio de ideas. Y no es el único que se cree con opiniones contrapuestas. Aquí donde lo ve, confieso no tener una postura clara en materias trascendentales como el aborto, la pena capital, o la guerra y la paz. Sin querer adentrarme en mi propia introspección. Pero eso es quizá lo importante. Sus comentarios pueden ayudar igualmente a que una reflexiones bajo un calor de muerte y en pleno mediodía.

Gracias, y un abrazo.

Daniel dijo...

Shalom amigos.
Os comunico que he cambiado la ubicación de Herut por tercera vez: www.herutx.blogspot.com.
A este paso me quedo sin variaciones de Herut. La anterior no me permite actualizarla, no se si por problemas técnicos o por el necio hijo de Alá que sigue con su intento de imponer el pensamiento único. Os pido disculpas por las molestias.
Un saludo.

Eduardo Robredo Zugasti dijo...

Aquí hay una contradicción. Si son "apátridas", ¿por qué apoyar a Israel? Bastaría con apoyar a los judíos. No todos los judíos han sido -ni son- favorables al sionismo secularista que fué responsable de la creación del estado de Israel. Porque Israel es eso: un estado, una patria, una nación. Con unos símbolos respetables, banderas, himno, fronteras por las que matan y mueren, lenguas y hasta comida Kosher. Y los israelíes no son sólo "judíos", también son ciudadanos que no se limitan a la práctica privada de su culto, sino que cumplen con su obligación patriótica de servir en su ejército nacional.

Yo apoyo a Israel, precisamente porque no soy "apátrida" -soy español- y valoro la valentía de los judíos para defender su libertad y enfrentarse a los terroristan dando al mundo un ejemplo de unidad.

Ahora el anarquismo se ha puesto de moda a la izquierda y la derecha. Pero inicialmente la nación fué precisamente la obra del liberalismo.

Anónimo dijo...

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Anónimo dijo...

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Anónimo dijo...

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Anónimo dijo...

Con Israel estarás tú, angelito. Se ve que te da morbo ver niños reventados ¿no? :-) . Bueno Marta, a seguir con tus aficiones. Oye, una cosa, aunque es guay verlos llenos de sangre, muertos y destrozados ¿que los niñitos sean moros no te da un poquitín de asco? ¿a que sí?