12/05/2006

Comienza el espectáculo...


“De cuantas infinitas fealdades supo forjar la especie con persistencia admirable, es la agresión a la paciente estética de la ciudad la que, con mucho, más hiere. La visión de ese museo de los horrores de parpadeantes luces y ejecutables bigardos travestidos de Papá Noel o Rey Mago despierta en muchos un instinto homicida para cuyo control se exigen dosis de ansiolíticos de última generación. La música llamada popular tiene efectos letales sobre las redes neuronales. De entre las muchas infectas variantes de ese ruido abominable, el villancico sobresale más allá de cuanto insulto humano esté capacitado para calificar. No hay piedad para el laico melómano. En la calle, niños angelicales cantan obscenas tonadillas que hablan, por lo poco que se entiende, de una virgen que ha parido un bebé probeta en medio del corral de una burra”.

Es sabido quién.


7 comentarios:

Anónimo dijo...

La Navidad me trae melancolía, como antes me traía sueños. Antes celebraba el nacimiento de Jesús y ahora sonrío al sentir en mi piel el triunfo del sol invictus sobre la oscuridad y la noche. No sé... he tenido muchos sentimientos hacia estos días, muy desagradables a veces, pero nunca rellenos del odio que rezuma ese texto. A menudo necesitamos eso, odiar, y arremetemos contra lo primero que nos molesta. A menudo nos sentimos solos.

E.C.

Anónimo dijo...

En mi opinión, es posible negar la trascendencia, pero no creo posible que se pueda negar la existencia de un Dios como tal. Aunque apenas tengo conocimientos que estén (ahora sí) a la altura del tema.

¿No es justamente al revés?

Marta dijo...

Que el texto atraviesa los límites de la respetabilidad es cierto. Y que rezuma odio, soledad quizá. Por eso mismo, quise colgarlo. No me parece bien ni el extremo espectáculo de quienes, ignorando, celebran por todo lo alto, ni el extremo espectáculo de quienes, conociendo, exceden los límites de algo para lo que no es preciso leer muchos libros: la libertad de cada uno. Ambos lados. Y el autor, a quien yo he admirado durante mucho tiempo, en este caso me parece completamente censurable.

Sobre el tema en concreto, ni siquiera dispongo de opinión porque menos conocimientos tengo aún, pero sí esto de acuerdo con la tuya. Aprovecho para recomendar, si alguien no lo ha leído, ¿Existe Dios? de Hans Kung. Lo acabo de leer, se muestra interesante. Y por cierto, ¿Qué es justamente al revés?

Saludos.

Samuel dijo...

La Navidad se está convirtiendo en algo artificial y quizás por eso trae melancolía. Cierto que la histeria feliz de las muchedumbres se hace aborrecer, pero todavía conservan algo mágico estas fechas, ajeno a los que las celebran. Estoy convencido de que el propio autor no sería feliz sin expresar esa angustia vital ante tanto devaneo simplista.

Me parece mucho más respetable observar desde detrás del cristal cómo ríen y mueren los demás a participar de su ensueño ingenuo. Quizás así se está más cerca de la trascendencia. Y de Dios.

Un saludo.

Anónimo dijo...

Creo que se puede poner en duda a Dios, e incluso negarlo, pero considero muy difícil rechazar que dentro de cada uno se encierra un hálito de trascendencia.

E.C.

O S A K A dijo...

TODO PRODUCTO DEL HOMBRE ES ARTIFICIAL POR DEFINICIÓN

PUESTOS A DISCERNIR, EL DE LA NAVIDAD ME PARECE DELICIOSO


n a c o

O S A K A dijo...

Dios o un tipo que se le parece mucho nace a diario en el corazón de los hombres, ateos y creyentes.

Estoy cansado de los profetas del post-postmodernismo, que me amenazan con que soy un miserable por tal y por cual, y no me ofrecen solución alguna (que no pase por mi flagelación constante).

Grabemos esto a fuego: el 'negoci' no excluye el amor, de la misma forma que la cultura puede ser divertida, o el perdón puede seguir a la culpa. Esto es posible en nuestro mundo.

En el corazón de los hombres habitan los peores demonios. Pero en su rincón más apartado, en un infecto pesebre, por luz las estrellas, con un frío que pela y las manos desnudas, nace un niño feliz. Nace la esperanza. La que todo lo puede.

Nace Dios.

En tu corazón y en el mío. Sin excepción.

Como personas que somos, la hipocresía viene en el pack. Pero es que también hay sitio para el amor. La condición humana merece toda la compasión que seamos capaces de sentir. Por nosotros mismos primero.

por eso puedo decir y digo 'feliz navidad' sin escupir el turrón que merezco comer. Somos culpable, sí, pero somos LA ÚLTIMA ESPERANZA.

feliz navidad


n a c o