5/27/2007

Porras

Es domingo. Yo tengo un montón de hojas sobre la mesa que esperan ser empolladas. Y tengo un sol precioso (ya era hora) en la calle que reclama ser atendido por la piel. Y hay calles esperando ser paseadas por los pies de tantas personas. Y hay gente que merece ser escuchada. Y hay familia, y hay amigos, y hay comida, y hay que escribir, y hay que mirar, y hay que aprender. Nada más.

Sí, sé que la política mueve muchas de esas cosas. Pero a mí no me mueve. Parece un comportamiento errante, sin compromiso, pasivo, descafeinado, abandonado de obligaciones. Pero, oiga, es que mi obligación no es votar: es apagar la radio, es apagarle a usted que habla sin parar y me pone dolor de cabeza. Es pedirle que me deje en paz y no me time. Usted es una estafa: primero me roba, y luego cada cuatro años me pide que haga de ciudadana. Haría de ciudadana poniendo encima de su cabeza una cazuela. Pero no me está permitido por su ley, no la mía. Siempre igual.

¿El voto es una defensa? ¿Una defensa de qué? ¿Contra qué? Contra nosotros mismos. No hay señal más clara de autodestrucción, creo yo. El esperpéntico enjambre al que estamos sometidos no tiene final. Da igual quienes sean, el caso es que son. Parece un pitorreo. Pero a mí no me da risa. Y sé que hasta que no haya un cambio a fondo no jugaré en el tablero; una limpieza del sistema que reforme, por ejemplo, la ponderación de los votos (ahora hechos por y para territorios, y no por y para personas, iguales ante todo, como debería ser), la estructura de los partidos, los periodos consultivos, la transparencia de los objetivos, la cercanía al fin y al cabo con quienes verdaderamente deberíamos gobernar: los ciudadanos anónimos, los millones de personas que cada mañana se levantan para trabajar, o para tocarse la barriga, pero que lo hacen con pleno derecho. Al fin y al cabo, todavía nadie ha definido lo que es soberanía popular. La llave está en ellos, y nos piden opinión.

Si yo ahora puedo colgar este post con un click, también podría colgar tal o cual propuesta en la web del parlamento (de mi parlamento, perdón), podría votar a favor o en contra de tal o cual medida, y podría hacer muchas cosas. Me niego a dejar en manos de otros los asuntos que me afectan a mí, tengo voz, tengo manos, tengo opinión. No necesito que alguien lo haga en mi lugar.

Y eso reclamo con mi voto nulo: la nulidad a la que estamos sometidos los ciudadanos, capaces sólo de opinar cada ciento en viento, sustituidos por entes abstractos que son gobernados por billetitos de colores, con unas pretensiones claras que se contradicen con lo que son mis intereses particulares.

He reflexionado mucho sobre lo que debo hacer. Y digo debo, no lo que quiera. Voto blanco, voto color, voto nulo, me abstengo, longaniza en el sobre, un poema, voto Osaka, voto por mí, o voto por spinoza. Me he percatado de que césar vidal aún no se presenta a gobernante ni ha editado un libro en los últimos ¿tres días? Y entonces mis ilusiones se han abatido por los suelos... Ayer mismo hablé durante horas con mi hermano. Él dice que debo defenderme del psoe votando pp. Que nuestra seguridad está en peligro si ganan los otros. Que es lo que desean ellos: aborregar a la juventud, desposeerla de pensamiento, hacerla pasar de todo esto, porque con la abstención ganan. Tiene parte de razón. Pero, ¿qué seguridad? ¿Que no destrocen las arcas mientras pagamos impuestos? ¿Que las políticas sean más liberales? Quizá. A mí me da igual lo que hagan el resto de amateurs. Irse de botellón, trepar a lo alto de un pino, ser anarquistas, o afiliarse a las juventudes de lo que sea. Cada uno escribe su vida en un trozo de papel. Y en el mío no pone eso. Yo creo que esto es lo mejor que puedo hacer, por mí y por los míos.

Me he dado cuenta de que lo que importa es el tiempo ganado, y ese tiempo huye de telediarios, de robos con mano llena, del dinero, de radios o de periódicos. Ese tiempo va de las personas a los sueños, de los sentimientos al trabajo, del trabajo a las historias que escribir, y de escribir a los momentos que disfrutar. Se trata de vivir. Ha dejado de importarme el artículo decimosexto o la disposición transitoria segunda o el pacto en la sombra. Todo es sombra.

En el momento en que una serie de derechos básicos que tenemos se vean amenazados, y amenazados de verdad, lucharé. Alguien podría decirme, ya lo están. Si mañana no puedo levantarme, sonreír y hablar con mi familia y aprender de mis amigos, entonces será el momento. Ahora, no lo creo. Que me roben más o menos, tal vez me dé igual. No seré yo quien se desgañite, perdiendo los momentos que puedo aprovechar, para desenmarañar un rayo de luz del trenzado hipócrita de pelos y lanas y telarañas que nos cubre. Es imposible. Es la ley del más fuerte. Y mi fuerza, aquí. No en un voto. Eso es sólo una carcajada más. Y perdón, quizá mañana cambie de opinión. Soy libre, de momento. O eso creo.

Conclusión: saberse esclavo es mil veces más subversivo que creerse libre.

Dejo cosas pendientes de opinar. Pero el domingo se escapa.
¿Vota? Y una porra..., para desayunar, claro.

6 comentarios:

o s a k a dijo...

vaya secuencia de ideas y argumentos... esto requiere más de una lectura (y eso que lo has dejado bien masticado, tu estilo claro de costumbre)

de momento me lavo lso dientes y salgo a votar con la nariz tapada

y por supuesto al compartir gran parte de tus posiciones me doy cuenta de que hay que quedarse con el primer párrafo y con elmundo de posibilidades y matices de luz que ofrece.

un abrazo

que tengas un domingo... como éste

: )

n a c o

Marta dijo...

Fé de erratas: procedo a la matización.

http://findesemana.libertaddigital.com/articulo.php/1276233433

El día 29 a la venta. No son los tres últimos, pero sí serán los dos siguientes.

Ignacio dijo...

¿los robotos votan? ¿al partido robot?

Marta dijo...

Se me pasó: GRACIAS, naco. Feliz domingo para ti también!! O los que vengan...

Ignacio, los robots te votan a ti!

Nicholas Van Orton dijo...

A los políticos les encanta jugar con globos. El problema es que debemos hincharlos entre todos para que luego ellos se dediquen a moverlos.
Algún día habrá que pincharlos; a los globos claro está.
Saludos.

Marta dijo...

No es mala idea. Lo apunto...